De las Ruinas de Palmira (II)

… Aquí pudo empezar la explotación del hombre por el hombre.

Origen de los males de las sociedades.

En efecto: así que los hombres pudieron desenvolver sus facultades, enajenados por el atractivo de los objetos que halagan los sentidos, se entregaron a los deseos más desenfrenados. No les bastó ya la medida de las dulces sensaciones que la Naturaleza había ligado a sus verdaderas necesidades para hacerles apreciar su existencia: no contentos con los bienes que le ofrecía la tierra, o que producía su industria, quisieron acumular goces sobre goces y codiciaron los que poseían sus semejantes. Y un hombre fuerte se levantó contra otro débil para arrebatarle el fruto de sus fatigas; y el débil convocó a otro débil para resistir a la violencia; y dos fuertes se dijeron: ” ¿A qué fatigar nuestros brazos para producir los regalos que se encuentran en poder de los débiles? Unámonos y despojémosles; ellos trabajaran por nosotros, y nosotros gozaremos de sus trabajos”. Y los fuertes, habiéndose asociado para la opresión, como los débiles para la resistencia, se atormentaron los hombres recíprocamente, y se estableció sobre la tierra una discordia general y funesta, en la cual, reproduciéndose las pasiones bajo mil formas diversas, no se han cesado de formar un encadenamiento sucesivo de calamidades.

Así que ese mismo amor propio, que, moderado y prudente, era un principio de felicidad y de perfección, convertido en ciego y desordenado, se transformó en veneno corruptor; y la codicia, hija y compañera de la ignorancia, se ha hecho la causa de todos los males que han desolado la tierra.

Sí, sí: la ignorancia y la codicia; he aquí el doble origen de todos los tormentos de la vida del hombre. En ellas consiste que se haya formado ideas falsas de la felicidad y desconocido o quebrantado las leyes de la Naturaleza en sus relaciones con los objetos exteriores, y que perjudicando a su existencia, haya violado la moral individual: en ellas consiste que, cerrando su corazón a toda compasión y a su espíritu a la equidad, haya vejado y afligido a su semejante y violado la moral de la sociedad. Por la ignorancia y la codicia ha tomado el hombre las armas contra el hombre, la familia contra la familia, la tribu contra la tribu, y la tierra se ha vuelto un teatro sangriento de discordia y latrocinio: por la ignorancia y la codicia, fermentando una secreta guerra en el seno de cada Estado, se han desunido entre sí los ciudadanos; y una misma sociedad se ha dividido en opresores y oprimidos, en dueños y en esclavos; por ellas, unas veces insolentes y atrevidos, los jefes de una nación han forjado las cadenas de su mismo seno, y la codicia mercenaria ha fundado el despotismo político; otras veces, hipócritas y astutos, han hecho bajar del cielo poderes mentirosos y un yugo sacrílego; la crédula avaricia ha fundado el despotismo religioso; por ellas, en fin, se han desnaturalizados las ideas del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, de la virtud y del vicio; y las naciones se han extraviados en un caos de errores y de calamidades. ¡La codicia del hombre y su ignorancia…! He aquí los genios malignos que han perdido la tierra; he aquí los decretos del acaso, que han derrocado los imperios; he aquí los anatemas celestiales que ha destruido estos muros en otro tiempo tan gloriosos, y convertido el esplendor de una ciudad populosa en una soledad de luto y de ruinas. Pero supuesto que fue del seno del hombre de donde salieron todos los males que le han despedazado, en él fue donde se debió encontrar los remedios. y en él es donde deben buscarse.

5 mayo 2011

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