¿Éramos comunistas…?

Yo pongo por ti mi pecho
que nadie me lo critique,
que soy como estoy hecho.

Carrillo daba un paso más en la moderación del programa comunista el 3 de marzo de 1977. Junto a los secretarios generales de los partidos comunistas italiano y francés, Enrico Berlinguer y Georges Marchais, presentaba en Madrid las líneas del ‘eurocomunismo’, independiente y crítico con las políticas de Moscú, a favor del multipartidismo imperante en las democracias europeas, y en contra de la invasión soviética de Praga. Este gesto allanaría el camino para su legalización, aunque años después sería el origen de la escisión del PCE y la aparición del Partido Comunista de los Pueblos de España y el Partit dels Comunistes de Catalunya.  (Foto: Berlinguer y Marchais con el líder del PCE. EFE).

Con el sangriento golpe de estado del general Franco ayudado por los nazis, los fascistas italianos y la anuencia vergonzante de los gobiernos franceses e ingleses, eran ciudadanos republicanos que defendían a su república.

Durante la Guerra Civil española, los comunistas ven engrosadas sus filas por ser la fuerza que más combatían en primera línea de fuego. Cuando acaba la contienda se convierten en maquis y siguen combatiendo en la creencia que con la derrota del nazismo los aliados liberarían a España del fascismo.

Por recomendación de Stalin, los comunistas españoles dejan la lucha armada para centrar su confrontación contra el franquismo en las organizaciones de masas, siendo su principal objetivo los sindicatos verticales. Bien es cierto, que prácticamente eran los únicos que combatían contra el régimen, y en la organización comunista penetraban ciudadanos progresistas que eran confundidos por el franquismo como  rojos o comunistas.

Nacen las Comisiones Obreras dirigidas por el Partido Comunista y pronto se hacen con el control de los delegados del sindicato Vertical. Si bien no todos eran comunistas, si eran antifranquistas que peleaban por la libertad, por unos sindicatos libres y por la democracia. Todos los que se incorporaban a la lucha, el único medio que tenían para hacerlo era su incorporación o su simpatía hacia el Partido Comunista de España, pero no quiere decir que se consideraban comunistas, lo hacían en función porque era el único grupo social organizado para la lucha.

Con todo ello, y al convertirse en un partido de masas, se fue saliendo de la clandestinidad más profunda a una clandestinidad más abierta, más en contacto con los ciudadanos, su realidad social y sus problemas. Estas políticas de masas no estuvo exenta de peligros y represiones, el franquismo se cebó con ellos en multitud de procesos, con condenas bestiales por el solo hecho de pedir libertad y democracia.

Con las nuevas incorporaciones se penetraba en todos los segmentos de la sociedad, el partido de masas se va consolidando y a su vez arrastra a otros sectores a la lucha contra el franquismo. Aunque el PCE era el eje del antifranquismo militante, hoy podemos decir con una visión más lejanas de los acontecimientos, que todos luchabámos contar el franquismo pero no todos eran comunistas.

Con la invasión de Checoeslovaquia por parte de la Unión Soviética en el año 1.968, muchos mitos del socialismo real se derrumbaron, se empezó a replantear lo del socialismo real por el socialismo en libertad. Y fueron los partidos comunistas de España, Francia, Italia y Japón los primeros en cuestionar la idoneidad del partido bolchevique y su liderazgo en el comunismo internacional. Nació la llamada vía Eurocomunista, donde se revisó las cuestiones del Marxismo-Leninismo, las líneas de comportamientos de los líderes de los países del Este y se empezó a descubrir las corruptelas y posiciones dictatoriales para con sus pueblos, algo inaudito y extraño para los comunistas españoles que luchaban por la libertad y por la libertad de todos.

Los estudios científicos de Marx y Engel sobre las sociedades predecesoras, preconizaban que seguiríamos avanzando en las mejoras de las mismas. Había que acabar con la explotación del hombre, había que acabar con la explotación infantil y con el analfabetismo. Había que acabar con las durísimas jornadas laborales de doce, catorce y dieciséis horas diarias. Para ello, había que socializar los medios de producción, que estos estuviesen en manos de los trabajadores para que el reparto de la riqueza producida fuese equitativo. Una de las premisas del socialismo científico es: De cada uno su capacidad, a cada uno según sus necesidades.

Con este pensamiento filosófico, donde Marx y Engel decía que con la superación del capitalismo imperialista se entraría en la fase de la democracia político-social, (fase anterior al socialismo) y que se llevaría a cabo en los países más desarrollados e industrializados.

Ante este nuevo orden mundial, los burgueses y capitalistas hicieron correr la voz y el temor del fantasma del comunismo; efectivamente era un temor, temor a perder sus privilegios y prebendas, que está fundamentada en la esquilmación de los desprotegidos.

Con la bandera de la emancipación, los trabajadores consiguieron que se rebajara el horario brutal de la jornada de trabajo. Ocho horas para el trabajo, ocho horas para el ocio e instrucción y ocho hora para el descanso. La conquista de estas mejoras fue la lucha del 1º de Mayo de los trabajadores de Chicago, donde murieron decenas de ellos por la represión capitalista. Este fue el legado de estos trabajadores a la clase obrera mundial.

Con la revolución y la toma del palacio de invierno y derrocamiento del zarismo en Rusia, se implantó el socialismo en unos d los países más atrasado y paupérrimo de la Tierra. La unión de las fuerzas del trabajo y la cultura, del campesinado y soldados, hicieron del joven país el paraíso de los trabajadores, elevaron a la Unión Soviética a la primera potencia mundial en los campos de producción, cultural, tecnológico y sanidad, pero fundamentalmente en el campo técnico-militar.

Cuando en el resto del mundo la clase obrera vivía en condiciones infrahumanas, en este país se acabó con el analfabetismo y mejoró las condiciones de vida de los trabajadores. Queda la duda de que hubiera ocurrido si este pueblo no hubiese estado en permanente economía de guerra y ayuda al proletariado mundial.

El mundo capitalista mundial ante los avances conseguidos en la Unión Soviética, y las luchas de los trabajadores por conseguir mejoras sociales y económicas, se avinieron a suavizar las condiciones de vida de la población ante el temor de perderlo todo, y así el mundo Occidental adelantó en mejoras al mundo del Este, cayendo este en la corrupción burocrática y económica hasta su desaparición.

Pero aunque las condiciones de vida ha mejorado en el primer mundo, las tres cuartas partes de la población mundial sigue viviendo en el umbral de la pobreza. Luego entonces sigue habiendo desigualdad social y la sociedad capitalista no ha solucionado la división y los problemas actuales.

Obviando los nombres de la futura sociedad, hay que seguir combatiendo para erradicar la pobreza y miseria del mundo. Solo así, viviremos en paz y tranquilidad.

Luego entonces no hay incógnitas que valga, los dirigentes de los llamados países comunistas se dedicaron más a su bienestar particular que a conseguir más mejoras para sus pueblos. Abandonaron la justeza ideológica por su propia ambición, su enemigo natural; el mundo capitalista con la anuencia de la socialdemocracia ahondaron en la herida y la clase trabajadora desencantada por las corruptelas de los llamados comunistas, quedó huérfana y en manos de los explotadores, hoy llamados emprendedores. Y es más, con el esfuerzo de los trabajadores, las instituciones no paran de ayudar vía subvenciones a estos emprendedores. Ironía de la vida.

Más que comunistas éramos un puñado de soñadores de la libertad. Cuando esta se consiguió hubo una deserción militante de los partidos porque no soportaba los encorsetamientos que estos imponían a la militancia.

Socialismo es libertad, pero libertad fuera y dentro de las estructura de los partidos; libertad para desarrollar las mentes creadoras y de progreso para el avance de la sociedad. Pero nos encontramos que el poder en cualquiera de sus manifestaciones es corrupción. Por mantenerlo nos desviamos de las premisas originarias que nos hizo llegar a el.

¿Luego entonces que hacer?

Si la mentalidad guerrera y belicosa de los pueblos se ha ido transformando en otra más pacifica y tolerante a través de la cultura, ¿Porqué no incidimos más en esta? La libertad debe servir para obligar a la humanidad a la cultura y al conocimiento. Conocimiento de lo provechoso a la sociedad, el otro conocimiento, el aberrante, nocivo y malévolo para que sirve, ¿Que aportan las distintas religiones del mundo a la humanidad? ¿Que aportan los millones de clérigos de las distintas iglesias a la sociedad? ¡Nada! Son parásitos de la misma al servicio del poder establecido para obnubilar al personal. El desviacionismo de la libertad nos lleva a una situación apócrifa de la misma. Nos sumerge en una falsa libertad donde se permite hasta el retroceso de la misma.

Si la libertad pensadora nos permite avanzar, por que permitimos que en nombre de la misma se posicionen los que nunca la han querido; la iglesia, las derechas, los fascismos, etc.

No éramos comunistas en el sentido literal de la palabra ni conseguimos desalojar a Franco del poder, pero algunos quebraderos de cabeza si le dimos y en cualquier caso si fuimos los forjadores de esta libertad y nueva vida. Más que comunistas éramos idealistas-revolucionarios que al no tener otras opciones, entramos en lo más honesto y combativo que había. La combatividad ha quedado más que demostrado, la honestidad política ya se venía vislumbrando que quedaría en entredicho. No queríamos ver que había camaradas en el partido más por odio que por necesidad histórica de cambio. No había tiempo para estos debates, las carencias ideológicas de estos las suplíamos con un voluntarismo que luego nos dio más de un disgusto.

La historia ha demostrado palmariamente que los revolucionarios, los combatientes de primera línea no tienen cabida, no le dan cabida, (los iluminados que se dedican a vivir de la política y hacen de esta su modo de vida) en puestos de responsabilidad porque temen verse relegados a un puesto no relevante. Los mantiene en las organizaciones como figuras decorativas, especie a extinguir, pero que son referente de cara al exterior. Interiormente gozan de un respeto hipócrita que se convierte en temor cuando manifiestan sus opiniones, que por lo general no coincide con la de ellos.

El Puerto 28 de Abril 2011

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