Archivo diario: 22/03/2011

Utopía… y Realidad

Se dice que la idea de algo irrealizable es utopía.

Nuestros antepasados en su utopía de facilitar mejorar los medios de transporte de personas y mercancías, inventaron la rueda; pasó de utópico a la realidad.

Cuando por seguridad vivían en cuevas o encima de los árboles, y tenían que ir a los manantiales por agua, buscar diariamente su sustento, alguna vez pensarían en viviendas más seguras y confortables donde tuviesen agua corriente, lumbre y aparatos para conservar los alimentos. Esa era su utopía que hoy disfrutamos nosotros.

Cuando algunas mujeres pensaron en la igualdad y su derecho al sufragio, no solo la llamaban utópicas y…, hoy es una realidad.

En las décadas de los 40,50, 60 y 70 del siglo pasado un grupo no muy numeroso de personas luchaban por la libertad en España, nos llamaban ilusos, locos, y utópicos. Todavía recuerdo conversaciones con personas que me decían que esto no se alcanzaría nunca, huían de nosotros como si fuésemos apestados, pues bien, muchas de aquellas personas que no creían en la utopía de la libertad y la democracia en nuestro país, han ostentado y ostentan cargos muy importantes en la democracia actual, que en la época, era la utopía de aquellos luchadores. Todavía siguen sin creer que se puede alcanzar un mundo mejor.

La utopía es la ilusión de conseguir lo que pensamos, avanzar en el progreso, erradicar o minimizar el dolor, acabar con las injusticias, el paro, el hambre, acabar con la mortalidad infantil, en definitiva acabar con todas las lacras sociales.

Si en el primer mundo estamos en vía de superar todo lo enumerado y hemos conseguido alcanzar la utopía, ¿porqué no seguimos siendo utópicos y erradicamos todos los males del tercer mundo?

La realidad es que nos han quitado la ilusión de seguir luchando contra las injusticias del mundo, la realidad es que ni el capitalismo ni el comunismo le han dado solución a los problemas de la sociedad. Pero no por ello debemos dejar a cada uno a su suerte, tenemos que seguir combatiendo para lograr que el bienestar sea alcanzado por todos los habitantes del planeta.

Hace más de cincuenta años, los trabajadores tenían la ilusión, soñaban y luchaban para que la sanidad fuera universal, que todos los niños tuviesen colegios, tener una vivienda digna con baño y retrete individual, algo que hoy nos parece tan natural en esa época era algo inalcanzable.

Se ha pasado de la utopía a la realidad y se sigue avanzando en ella.

Pero esto no ha sido dado por la caridad cristina ni por la bondad de los señoritos o capitalistas, esto fue una conquista que costó sangre, sudor y lagrimas; muertes, cárcel, exilio, emigración, etc.

Pero hemos pasado de una sociedad obrerista a una sociedad de trabajadores asalariados. La clase obrera en su afán de que sus hijos no corran la misma suerte que ellos, se esfuerza para que estudien y todos vayan a la universidad, saquen sus títulos y se abran paso en la vida. ¿Pero que ocurre una vez aprobados?: Corren ilusionados para montar su despacho, bufete, consulta etc., y al no conseguirlo se frustran y caen en manos de otros bufetes, despachos, y consultas, cuando no, quedan en las bolsas del paro o a lo sumo se colocan en lo que sea. No es raro ver a un abogado ejercer de auxiliar administrativo en un ayuntamiento o empresa pública y por las tardes trabajar de pasante en cualquier bufete de renombre, que siempre coincide con los hijos de los capitalistas. Y es que a los hijos de los trabajadores les cuesta una enormidad  abrirse camino en la vida, es la herencia genética impuesta por la clase dominante.

Pero es una realidad que la sociedad occidental las desigualdades se van acortando, vamos siendo más iguales.

La diferencia entre el utópico y el pragmático es que aquel aprende del pasado, lucha por el presente y trabaja para el futuro. El pragmático cree que el mundo empezó cuando él nació y acaba cuando muere. No analiza el pasado, no piensa en el futuro y solo le interesa el presente. Esta es la diferencia.

El Puerto de Santa María, 22 de marzo de 2011.

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